EHL Hospitality Enterprise College celebró la tercera edición del Foro de Inversión Sostenible en junio de 2025, centrándose en la participación de los accionistas como motor esencial de las estrategias sostenibles. Este artículo comparte concepts sobre qué es la inversión responsable, explorando los desafíos actuales, las posibles soluciones y lo que podría deparar el futuro. Partes de los hallazgos de este artículo fueron presentados durante el Foro.
¿Qué es la inversión responsable?
El término inversión responsable se utiliza a menudo indistintamente con conceptos como inversión sostenible o inversión ESG. Pero ¿qué significan realmente estos términos?
- Inversión responsable: término normal para enfoques de inversión que consideran no sólo los rendimientos financieros sino también los resultados ambientales y sociales.
- Inversión ESG: se centra en incorporar factores ambientales, sociales y de gobernanza específicos (por ejemplo, emisiones de carbono, estándares laborales y diversidad de la junta directiva) en el análisis financiero y las decisiones de cartera.
- Inversión de impacto: va un paso más allá, con el objetivo de generar un impacto positivo mensurable y al mismo tiempo obtener beneficios financieros.
Independientemente de la palabra que utilice, estos enfoques representan una evolución del concepto más antiguo de Inversión Socialmente Responsable (ISR)que comenzó en la década de 1960 como una evaluación basada en valores (excluyendo tabaco, alcohol, armas, and so forth. de la cartera). ESG reformuló este campo de inversión haciendo hincapié en la gestión de riesgos y la creación de valor a largo plazo.
La inversión responsable se ha generalizado y se prevé que alcance los 40 billones de dólares en 2030, o casi un tercio de los activos globales bajo gestión (Bloomberg Intelligence, 2023).
Este crecimiento futuro es notable. Pero ¿realmente ha transformado los mercados? La respuesta, hasta ahora, es mixta.
La promesa versus la realidad
La rápida expansión de los productos ESG sugiere que está en marcha una revolución financiera. Los fondos de pensiones, las aseguradoras y las empresas de capital privado ofrecen ahora fondos “sostenibles”. Los gestores de activos se promocionan cada vez más como guardianes de los intereses de las partes interesadas, incluidas las consideraciones sociales y medioambientales.
Sin embargo, detrás de esta narrativa se esconden contradicciones: calificaciones inconsistentes, aplicación débil, escándalos de alto perfil e incentivos estructurales que aún favorecen a las industrias contaminantes.
Si no se abordan, estas debilidades podrían relegar la “inversión sostenible” a una mera palabra de moda en lugar de una práctica transformadora.
Los problemas de la inversión responsable
1. Calificaciones ESG confusas
Los inversores esperan que las calificaciones superen la complejidad. En cambio, las calificaciones ESG suelen hacer lo contrario. Berg, Kölbel y Rigobon (2022) muestran que las correlaciones entre los principales proveedores de calificaciones ESG promedian apenas 0,54mucho menor que la consistencia de las calificaciones crediticias, donde las agencias suelen asignar calificaciones iguales o adyacentes al mismo emisor.
Bissoondoyal-Bheenick et al. (2024) demuestran que esta divergencia refleja diferencias fundamentales en el alcance, la ponderación y la metodología. Un proveedor puede recompensar la divulgación, otro los resultados reales. Uno puede priorizar la intensidad de carbono, otro las normas laborales. El resultado es que una empresa puede clasificarse como líder en un conjunto de datos y rezagada en otro.
Esta falta de comparabilidad socava el propósito mismo de los datos ESG.
2. Lavado verde y lagunas de credibilidad
Sin estándares consistentes, las empresas pueden enfatizar lo que les favorece y restar importancia a lo que no les favorece. Varios escándalos resaltan los riesgos:
- Volkswagen (2015): Comercializó “diésel limpio” mientras instalaba en secreto software program para engañar las emisiones.
- Goldman Sachs (2022): Multado por la SEC de EE. UU. por no aplicar sus propias políticas de fondos ESG.
- DWS (gestor de activos del Deutsche Financial institution, 2022): Allanado por la policía alemana por exagerar la integración ESG.
Estos casos muestran por qué las declaraciones voluntarias de ESG, sin una auditoría exigible, pueden parecer una estrategia de advertising cínica. Como señalan Kräussl et al. (2024), los inversores a menudo sobreestiman el rigor y subestiman la inconsistencia de las prácticas ESG actuales.
3. La paradoja del desempeño
Los criterios ESG a menudo se comercializan como algo beneficioso para todos: los inversores pueden “obtener buenos resultados si hacen el bien”. Sin embargo, la evidencia es confusa. Una revisión realizada por el Centro Stern para Negocios Sostenibles de la Universidad de Nueva York (2021) de más de 1000 estudios encontró que El 58% de esos estudios reportan vínculos positivos entre ESG y el desempeño financiero.21% impartial y 13% negativo. En resumen, la literatura no apunta en una sola dirección.
Estudios más recientes (Dsouza et al., 2025) muestran que las mejoras ESG pueden mejorar el valor de las empresas y el retorno de los inversores en los países de la OCDE, pero solo cuando se combinan con regulación y escrutinio de los inversores. En otras palabras, los criterios ESG no son un issue garantizado de rentabilidad. Sus beneficios son altamente contextuales.
4. Incentivos desalineados
Quizás la mayor contradicción resida en los propios mercados globales. A pesar del aumento de los ESG, los combustibles fósiles siguen estando fuertemente subsidiados por los gobiernos nacionales, por una suma de más de 7 billones de dólares en 2022 (Fondo Monetario Internacional, 2023). Por lo tanto, las industrias contaminantes siguen siendo financieramente atractivas, lo que las sitúa en ventaja ante los inversores.
Por qué es importante la regulación
Otro tema central es la medición. A diferencia de la contabilidad, donde normas unificadas como las NIIF o los PCGA de EE. UU. garantizan la comparabilidad, las revelaciones de ESG siguen estando fragmentadas. Las empresas pueden elegir los informes ESG, a menudo enfatizando métricas que los muestren de manera favorable.
La Unión Europea ha tomado la iniciativa para abordar esta brecha:
- El Directiva sobre informes de sostenibilidad corporativa (CSRD)introducido progresivamente a partir de 2024, exige que miles de empresas divulguen datos de sostenibilidad de acuerdo con los Estándares europeos de informes de sostenibilidad (ESRS) estandarizados. Incluyen el concepto de doble materialidad, es decir, las empresas deben informar sobre cómo les afectan las cuestiones de sostenibilidad y cómo sus acciones corporativas impactan en la sociedad y el medio ambiente.
- El Directiva de diligencia debida en materia de sostenibilidad corporativa (CSDDD)implementado a partir de 2024, obliga a las grandes empresas a identificar, prevenir y mitigar los daños a los derechos humanos y al medio ambiente en sus cadenas de suministro.
- A nuevo reglamento de la UE sobre calificaciones ESG (2024) exige que los proveedores de calificación divulguen metodologías y aborden los conflictos de intereses, lo que lleva la supervisión a un sector criticado durante mucho tiempo por su opacidad.
- Sin embargo, la política ha llevado a llegar a acuerdos (o a ceder, según cómo se interprete la situación). En 2025, la Comisión Europea introdujo una propuesta “ómnibus” para simplificar las obligaciones CSRD, aumentar los umbrales de presentación de informes y retrasar los plazos para las empresas más pequeñas (Deloitte, 2025).
Estos avances representan tanto ambición como realismo. Europa está elevando el listón, pero también aprendiendo lo desafiante que pueden ser los informes de sostenibilidad a gran escala.
Lo que necesita cambiar
1. Medición unificada
El primer requisito son normas claras y comparables. Así como las normas contables impiden que las empresas informen sus ganancias en el formato que más les convenga, la ESG necesita su equivalente. Sin armonización (idealmente a nivel world mediante la convergencia entre las normas CSRD e ISSB) la inversión responsable seguirá fragmentada y abierta a abusos.
2. Responsabilidad exigible
La divulgación por sí sola es insuficiente. Las afirmaciones ESG deben verificarse, auditarse y hacerse cumplir. Las consecuencias de los escándalos de Volkswagen, Goldman Sachs y DWS dejaron una cosa clara: sin sanciones, el lavado verde (o francamente trampa) prospera. Al igual que con los informes financieros, los informes de sostenibilidad engañosos deberían tener consecuencias legales y pecuniarias.
3. Cambio de mentalidad de los inversores
Por último, los propios inversores deben cambiar las expectativas. La inversión responsable no es un almuerzo free of charge. Requiere lidiar con compensaciones, entre retornos a corto plazo y resiliencia a largo plazo, entre deber fiduciario y responsabilidad social. Como señalan Kräussl et al. (2024), la mentalidad del inversor responsable se basa menos en fórmulas que en la capacidad de formular preguntas críticas.
El camino por delante
La inversión responsable ha crecido rápidamente en escala, pero aún enfrenta problemas de credibilidad. Calificaciones contradictorias, escándalos recurrentes e incentivos sistémicos que favorecen a los contaminadores actuales resaltan la brecha entre la promesa y la práctica.
Cerrar esa brecha requiere tres turnos: estándares globales unificados, rendición de cuentas exigible y una mentalidad inversora más crítica. ESG debe hacer lo que hicieron las normas contables para la transparencia financiera, es decir, fomentar la adopción generalizada de normas internacionales estrictas. Sólo entonces la inversión responsable podrá pasar de ser una palabra de moda a algo en lo que los inversores y el público en normal puedan realmente creer.
Referencias
Ahmad, H., et al. (2023). Factores ambientales, sociales y relacionados con la gobernanza para las inversiones empresariales y la sostenibilidad: una revisión de la literatura. Fronteras en Psicología, 14112233. https://doi.org/10.1007/s10668-023-02921-x
Bayat, A., Qu, R. y Rahmani, Z. (2025). Incertidumbre en la calificación ESG: causas, consecuencias y posibles soluciones. Documento de trabajo de la SSRN. https://doi.org/10.2139/ssrn.5238193
Berg, F., Kölbel, J. y Rigobon, R. (2022). Confusión agregada: la divergencia de las calificaciones ESG. Revista de Finanzas, 26(6), 1315-1344. https://doi.org/10.1093/rof/rfac033
Bissoondoyal-Bheenick, E., et al. (2024). Desacuerdo de calificación ESG: implicaciones y agregación. Revista Internacional de Análisis Financiero, 94102828. https://doi.org/10.1016/j.iref.2024.103532
Consejo de la UE. (2024). Calificaciones ESG: El Consejo da luz verde a un nuevo reglamento. https://www.consilium.europa.eu/en/press/press-releases/2024/11/19/environmental-social-and-governance-esg-ratings-council-greenlights-new-regulation/
Deloitte. (2025). Propuesta normal: simplificación de las obligaciones de la UE en materia de presentación de informes sobre sostenibilidad. https://dart.deloitte.com/USDART/residence/publications/deloitte/heads-up/2025/eu-commission-omnibus-proposal-sustainability-reporting-reduction-csrd
Dsouza, S., et al. (2025). Inversión sostenible: eficacia ESG y valor de mercado en los países de la OCDE. Economía y finanzas convincentes, 13(1), 2445147. https://doi.org/10.1080/23322039.2024.2445147
Fondo Monetario Internacional. (2023). Base de datos sobre subvenciones a los combustibles fósiles. FMI.
Kräussl, R., et al. (2024). Una revisión sobre la inversión ESG: expectativas, creencias y percepciones de los inversores. Revista de estudios económicos, 38(3), 721–746. https://doi.org/10.1111/joes.12599
Centro Stern para Negocios Sostenibles de la Universidad de Nueva York. (2021). Descubrir la relación agregando evidencia de más de 1000 estudios publicados entre 2015 y 2020. https://www.stern.nyu.edu/websites/default/information/belongings/paperwork/NYU-RAM_ESG-Paper_2021.pdf
