Europa se prepara para una disaster de viajes de verano mientras la guerra amenaza la aviación y el turismo

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Europa se prepara para una disaster de viajes de verano mientras la guerra amenaza la aviación y el turismo


Las postales todavía cuelgan en los escaparates de las agencias de viajes desde Berlín a Barcelona: calas azules del Mediterráneo, ferries griegos al atardecer, plazas abarrotadas en Roma, vuelos entre islas sobre mares turquesas. Pero detrás de la brillante campaña turística de verano de Europa, ha comenzado a afianzarse una imagen diferente: los paneles de salida de los aeropuertos parpadean en rojo con cancelaciones, los comerciantes de flamable observan las rutas de los camiones cisterna hora tras hora y los pequeños hoteles familiares se preguntan si otro shock geopolítico podría deshacer una temporada para la que se pasaron todo el invierno preparándose.

En toda Europa y en gran parte del mundo, la creciente disaster ligada a Irán, las interrupciones de la aviación y la inestabilidad en torno al Estrecho de Ormuz se ven cada vez más no solo como un conflicto regional, sino como una amenaza directa a la economía turística mundial. (

El Estrecho de Ormuz, una estrecha vía fluvial entre Irán y Omán, transporta aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo. Los analistas y los responsables de las políticas europeas temen ahora que cualquier perturbación prolongada allí pueda desencadenar una reacción en cadena que afecte a casi todos los aspectos de los viajes modernos: precios del flamable para aviones, rutas aéreas, costos de seguros, operaciones de cruceros, private en los aeropuertos e incluso precios de los alimentos en los destinos turísticos.

Para Europa, cuya economía depende en gran medida de la movilidad estival, el momento no podría ser peor.

El turismo representa un pilar económico importante para los países del sur de Europa que ya luchan contra la inflación y el lento crecimiento. En países como España, Italia, Grecia y Portugal, los visitantes de verano sustentan no sólo a las aerolíneas multinacionales y las cadenas hoteleras, sino también a los taxistas, cafés de playa, operadores de ferry, tiendas de souvenirs y miles de empresas familiares que operan con estrechos márgenes estacionales.

“Este es el tipo de disaster que los europeos comprenden instintivamente”, dijo un analista de aviación en Frankfurt. “No porque estén cayendo bombas en Europa, sino porque cada reserva de vacaciones, cada ruta aérea, cada recargo por flamable se vuelve susceptible al mismo tiempo”.

La ansiedad se intensificó después de que las aerolíneas de varias regiones comenzaran a desviar o suspender vuelos a través de partes del espacio aéreo de Medio Oriente en medio de temores de una escalada. Las aseguradoras de viajes también han comenzado a revisar las políticas vinculadas a zonas de riesgo de guerra y cancelaciones, mientras que las aerolíneas enfrentan costos crecientes tanto de flamable como de operaciones de seguridad.

En el sector de la aviación de Europa, los ejecutivos comparan en privado el estado de ánimo menos con una disaster petrolera tradicional y más con la incertidumbre inicial de los años de la pandemia, excepto que esta vez el peligro no radica en el cierre de fronteras, sino en la vulnerabilidad del sistema energético que impulsa el movimiento international.

El flamable para aviones se ha convertido en la obsesión central de la industria. Según informes recientes, sólo las aerolíneas estadounidenses vieron aumentar los costos del flamable en miles de millones de dólares en cuestión de semanas, a medida que las perturbaciones relacionadas con el conflicto sacudieron los mercados petroleros.

Las aerolíneas europeas enfrentan presiones similares, particularmente las aerolíneas de bajo costo que dependen de márgenes reducidos y horarios de verano densamente poblados. Los analistas advierten que si los precios del petróleo siguen elevados durante los meses de mayor actividad vacacional, las aerolíneas tal vez no tengan más remedio que reducir rutas, aumentar los precios de los boletos o recortar el servicio a destinos turísticos secundarios.

Los informes ya indican que miles de vuelos en todo el mundo han sido recortados en medio del aumento de los costos del flamable.

Para los viajeros, las consecuencias pueden llegar silenciosamente al principio: un vuelo directo cancelado a una isla griega, un viaje acquainted más caro a Portugal, horarios de fin de semana más cortos a centros turísticos del Mediterráneo. Pero para las pequeñas empresas que dependen del turismo, el impacto podría ser existencial.

En Venecia, Dubrovnik y las Islas Baleares, los propietarios de hoteles locales temen que incluso una caída modesta en el turismo de larga distancia pueda afectar a comunidades enteras. Los operadores de cruceros, que dependen en gran medida de operaciones que consumen mucho flamable, están estudiando itinerarios alternativos y reducciones de puertos. Se informa que algunos operadores turísticos europeos están cambiando sus esfuerzos de advertising hacia el turismo ferroviario y vacaciones regionales más cortas en previsión de una volatilidad prolongada.

Ese cambio –hacia lo que algunos responsables políticos llaman “turismo Plan B”– se está volviendo cada vez más seen en toda Europa.

Los gobiernos y los grupos industriales están acelerando silenciosamente debates sobre contingencias que alguna vez estuvieron asociados principalmente con la política climática. Los operadores ferroviarios de Francia, Alemania e Italia están promoviendo alternativas de alta velocidad a los vuelos de corta distancia. Reaparecen las campañas de turismo interno. Las aerolíneas están explorando estrategias de cobertura de flamable más profundas y modelos de programación más flexibles. Los aeropuertos están revisando las cadenas de suministro de emergencia de flamable para aviones.

Pero no existe un verdadero sustituto para la aviación international en la escala que requiere el turismo moderno.

La economía mundial de los viajes se basó en el supuesto de que el flamable barato, los cielos abiertos y las rutas marítimas estables se mantendrían constantes. La disaster del Estrecho de Ormuz ha puesto de manifiesto lo frágiles que pueden ser esos supuestos.

Los funcionarios europeos también están observando atentamente las dimensiones geopolíticas. Según se informa, varios países de la OTAN se resistieron a una mayor participación militar vinculada a la seguridad de las rutas marítimas cerca de Ormuz, lo que refleja la renuencia pública a verse involucrados en otro conflicto de Medio Oriente. (Wikipedia)

Esa vacilación subraya una realidad más amplia que ahora moldea el pensamiento de Europa: el continente puede sufrir importantes consecuencias económicas de conflictos que no puede controlar fácilmente.

Incluso si surge un alto el fuego, los economistas advierten que la producción de petróleo, la confianza del transporte marítimo y los mercados de seguros pueden tardar meses en normalizarse.

Y a diferencia de disaster anteriores, ésta llega cuando la industria del turismo ya está lidiando con presiones climáticas, escasez de mano de obra y costos operativos crecientes.

En muchas ciudades europeas, los recuerdos de la pandemia siguen estando lo suficientemente frescos como para que los empresarios midan cada nueva perturbación en comparación con esos años perdidos. Algunos sobrevivieron sólo gracias a préstamos gubernamentales que todavía están pagando. Otros reconstruyeron sus niveles de private hace poco tiempo.

Ahora se enfrentan a otra lección incómoda de la globalización: que una confrontación a far de kilómetros de distancia puede determinar si un pequeño lodge en Sicilia llena sus habitaciones en julio.

Aún así, hay señales de una resiliencia cautelosa.

Los precios del petróleo cayeron bruscamente esta semana en medio de informes de posibles avances diplomáticos entre Washington y Teherán, lo que generó esperanzas de que las rutas marítimas a través de Ormuz eventualmente se estabilicen.

Las empresas de viajes apuestan a que los consumidores, endurecidos por años de incertidumbre pandémica e inflación, puedan seguir viajando a pesar de los mayores costes. Los europeos, en specific, han mostrado voluntad de priorizar las vacaciones incluso durante las desaceleraciones económicas.

Pero detrás del optimismo se esconde una preocupación más profunda que ahora circula tanto en las salas de juntas de aviación como en los ministerios de turismo: si la period de los viajes globales baratos y sin fricciones está entrando en una period más inestable.

Durante décadas, el turismo vendió la thought de que el mundo se estaba volviendo más conectado, más accesible y más predecible.

Este verano, Europa se enfrenta a la posibilidad de que también sea cierto lo contrario.



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