Por qué viajar arruina tu piel (y qué hacer al respecto)

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Por qué viajar arruina tu piel (y qué hacer al respecto)


Si viajas con suficiente frecuencia, dejas de creer en la “piel regular”.

Solía ​​pensar que mi piel period temperamental. Ahora sé que simplemente estaba reaccionando (lógicamente) al cambio constante. Mañanas frías, cabinas de avión secas, altitud, contaminación, sol intenso que no se siente intenso y rutinas que nunca se estabilizan del todo. Viajar no sólo te mueve geográficamente; pone tu piel bajo estrés leve casi todo el tiempo.

Aprendí esto de la manera más difícil a través del esquí y la vida al aire libre. Los días de nieve que parecen inofensivos (cielos grises, sin sol seen) pueden ser algunos de los más dañinos. La nieve refleja la radiación ultravioleta hacia la cara y, para empezar, en la altitud la exposición es más fuerte. He llegado a casa después de días como ese con la piel tirante, irritada e inflamada, preguntándome cómo es posible que me queme el sol cuando el sol apenas aparece.

Ese fue el momento en que hizo clic: a los viajes no les importan tus hábitos en casa.

Las condiciones de viaje no sólo cambian: se acumulan

El mayor error que cometen la mayoría de los viajeros es subestimar la acumulación. Rara vez es algo que dañe la piel; es la superposición de factores estresantes.

El aire frío elimina la humedad. El viento compromete la barrera cutánea. La altitud aumenta la exposición a los rayos UV. Las ciudades añaden contaminación y partículas. Los vuelos de larga distancia te deshidratan incluso antes de llegar. Luego se vuelve a cambiar de clima, a menudo en cuestión de días.

Con el tiempo, esta adaptación constante debilita la capacidad de la piel para autorregularse. La sequedad se convierte en sensibilidad. La sensibilidad se convierte en pigmentación o inflamación. Y de repente tu “easy rutina” deja de funcionar.

Los expertos en dermatología, incluidos los de ISDIN—hemos señalado durante mucho tiempo que la intensidad de los rayos ultravioleta, los niveles de contaminación y el estrés ambiental varían drásticamente según el destino. Eso por sí solo debería ser suficiente para eliminar la concept de una rutina de cuidado de la piel única y estática.

Por qué una rutina nunca funciona en todas partes

Lo que funciona en una apacible ciudad costera a menudo fracasa espectacularmente en las montañas. Lo que parece perfecto en verano puede resultar inútil en invierno. Y los productos que se comportan bien en casa pueden volverse irritantes o ineficaces cuando cambian la humedad, la temperatura y los niveles de exposición.

Los ambientes fríos y secos generalmente requieren fórmulas más ricas que soporten la barrera. Las texturas ligeras que se sienten muy bien en climas más cálidos a menudo no brindan suficiente protección cuando hay viento y altitud. Por otro lado, los climas húmedos tienden a abrumar a los productos más pesados, aumentando la congestión o los brotes.

Los destinos de playa y las estaciones de esquí comparten una similitud inesperada: ambos exigen una protección photo voltaic seria y constante. La exposición a los rayos UV no tiene que ver con el calor que se siente, sino con la reflexión, la altitud, la duración y el daño acumulativo. Es por eso que los educadores en salud de la piel como ISDIN enfatizan en adaptar el cuidado photo voltaic al índice UV, el tiempo de exposición y el medio ambiente, en lugar de asumir que un producto o hábito cubre todos los escenarios.

Los hábitos que importan más que los productos

El cuidado de la piel no es sólo lo que te pones en la cara. Cuando viajas, los hábitos importan más que la perfección.

La hidratación no es negociable, especialmente en los días de viaje. Los vuelos, el clima frío y los itinerarios ocupados te agotan más rápido de lo que crees. La alimentación también influye: las comidas ricas en verduras y una cantidad suficiente de grasas saludables favorecen notablemente la resistencia de la piel, especialmente en viajes largos.

La exposición en el momento oportuno ayuda más de lo que la gente cree. Evitar las horas pico de sol cuando sea posible, usar ropa protectora y dejar que la piel descanse entre días largos al aire libre puede evitar que la irritación se agrave. Esto cobra aún más importancia cuando se viaja con niños, cuya piel reacciona más rápido y se recupera más lentamente.

Un hábito que he adoptado con el tiempo es el de los “controles” diarios de la piel. La tirantez, el enrojecimiento o el oscurecimiento sutil son señales tempranas, no molestias que deban ignorarse. Los dermatólogos y expertos en salud de la piel, incluido ISDIN, enfatizan constantemente que el ajuste temprano previene el daño a largo plazo mucho mejor que tratar de solucionar los problemas una vez que se han asentado.

Vivir entre lugares cambia tu forma de pensar sobre la piel

Actualmente estamos ubicados en el noroeste de España, una región con un clima cambiante, humedad costera y mucha vida al aire libre. Pero años de cambiar de climas han cambiado por completo mi forma de pensar sobre el cuidado de la piel.

Ya no persigo tendencias ni sobrecargo mi rutina. Los viajes me enseñaron a moderarme. Me enseñó a protegerme primero, adaptarme con frecuencia y aceptar que la piel, como el resto del cuerpo, necesita un contexto para prosperar.

No empacarías la misma ropa para un viaje de esquí y una escapada de verano a la ciudad. Esperar que su piel se las arregle sin ajustes no es diferente.

Proteger tu piel mientras viajas no es una cuestión de vanidad. Se trata de longevidad. Cuantos más lugares ves, más necesita tu piel que le prestes atención.




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